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¿Y más escritura automática, eh? Hablemos de otro tiempo.
Me encantó Midnight in Paris porque es de Woody Allen y porque tengo las mismas inquietudes que el prota. Quisiera haber vivido en otro tiempo, porqué no. Un tiempo en el que no me pare a ver fotos de sueños, si no a vivir los sueños.
¿Hoy día qué hay? Esto, un portátil, como principal fuente de sueños. Internet, como principal fuente de libertad. Pero qué ha sido de nosotros, ¿humanos? Nos importan más unas películas gratis que hacer películas. En otro tiempo uno se encargaba de un videoclub y 5 años más tarde se hacía cineasta -Tarantino sí que supo arregárselas sin MU-.
¿Y ahora qué? Antes el que quería ser cinemaker ahorraba durante años para una cámara de mierda y hacía grandes cosas. Ahora queremos una 7D o no hacemos nada.
Pero vayámonos más atrás. Antes lo que molaba era montar fiestas en palacio. Entonces no hacía falta que todo el mundo supiera qué se cocía allí. Si no ibas, te quedabas sin orgía rococó y tan listos. Ahora todos queremos ser voyeurs de todos. Si no le enseño al mundo lo bien que me lo paso preocupándome por captar los mejores momentos de mi vida, no soy nadie. Nos hemos vuelto narcisistas, exhibicionistas, espías, voyeurs, envidiosos, arrogantes...ah, y todo eso recíprocamente. Es un círculo vicioso. Hay qué ver lo que nos gusta mirar sin ser vistos.
Tanto mirar y mirar, he querido ser anfitriona de los guateques de Janis Joplin, amante de John Lennon, o musa de Bouguereau. He querido pasear por un pasillo de columnas con Platón y ser su amor platónico, tener un affair con Nietzsche aprovechando que me llamo como su hermana, o comprarme un perfume en París para mi viaje al carnaval de Venecia.
Hubiera querido ser todo lo que no puedo ser ahora, y quisiera morirme sólo para comprobar si podré conocer a todos esos artistas de los que he sido voyeur en algún momento.
Por cierto, ¿qué haces por aquí metiéndote en mi cabeza? Get off.
viernes, 27 de enero de 2012
Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
sábado, 14 de enero de 2012
Happiness hit her...
Nunca hice balance. De lo bueno, de lo malo. O más, bien, de lo ocurrido. Todo ha sido bueno y malo según para qué y según hacia qué.
Estoy en mi equilibro, sin embargo. Tengo esa dulce sensación de independencia, esa sensación de soledad y libertad a partes iguales. Faltó tiempo para darse cuenta de que soy distinta, normalmente para mal.
Atraer, atraer...distraer, distraer. Expulsar a gente de mi vida como si se los llevara por delante un tren al que nunca quise subirme pero que necesitaba. La amistad no existe. El amor no existe. El odio tampoco. Son palabras, conceptos, diáfanos, moribundos, putrefactos, altamente efímeros. Los odio a todos, a los conceptos, digo. Un instante de mi vida quiero ser "amiga" de todo el mundo y lo que me mueve es un sentimiendo de felicidad extraña. Te despiertas un día bailando porque el día anterior ha sido un día de perros y quieres compensar, equilibrar, hacer más justa la balanza.
Pero quizá otro día prefieres escupirles en la cara, decirles que te han hecho sentir un pequeño ser incomprendido que nunca supo darse cuenta de las cosas y de que, sobre todo, ya es demasiado tarde.Siempre hubo algún momento en el que te parecieron estúpidos, esos pequeños seres que intentan ser normales y se hacen diminutos. Luego tú eres esa estúpida.
domingo, 25 de diciembre de 2011
Son malos tiempos

Cuando los comentarios esclarecedores son críticas. Cuando no puedes abrir la boca porque se te va a malinterpretar siempre. Cuando te hacen sentir mal porque sí, y aun siguen creyendo que te va genial por tener una sólo facilidad más que los demás en un mar de problemas. Cuando la Navidad se convierte en una cena de jeringuillas y palabras sacadas de contexto. Cuando tú no puedes sentirte mal por las críticas, pero te hacen sentir una mierda. Cuando hacen que te sientas impotente al no poder dar una respuesta. Cuando hasta expresarte por un medio como éste [sí, como terapia de choque ante tanta mierda], es también criticable, pero no para los demás (los demás pueden escribir y sentirse felices, pero tú, tú no, tú lo estás haciendo mal). Cuando la madurez se mide por los silencios y por no poder decir lo que piensas sin criticar. Cuando un problema íntimo se convierte en la "comidilla" de gente que no puede olvidar después de tres meses.
Esto lo leerán personas que se darán por aludidas, algunas con buen tino, otras no tanto.
El caso es que estoy harta. El caso es que creo que no me merezco que se siga hablando de mí, y que por cualquier azar del destino tenga que enterarme por la persona menos indicada. El caso es que no tenéis ni idea, y que sí, yo no tengo a tanta gente cerca, y no la tengo porque lo he elegido yo, ¿tan difícil es de ententer? ¿Es tan difícil que quiera dar por terminada una relación que no me estaba aportando más que inseguridad entre pinceladas de cariño bien construídas?
Por que si no se me entiende, mejor que no me juzguen gratuitamente. De repente vivimos en un mundo que se mide por aguantar, aguantar y aguantar.
...y qué quieres que te diga, ya estoy cansada. Soy inmadura, porque me duele más de lo normal lo que piensen de mí, y se me acelera el corazón cuando pienso en encontrarme con esas personas cuando le dé la vuelta a una esquina. Porque me minan el alma con una palabra, un mensaje, una mirada, un comentario escuchado de otra boca.
De verdad...¿no puedo ser sensible sin que se me tache de mártir?
viernes, 9 de diciembre de 2011
Pies hermosos
Pies hermosos
La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por tobillos, pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer por los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.
Mario Benedetti
jueves, 8 de diciembre de 2011
Wishlist
Esto va a costar, pero creo que vale la pena el esfuerzo. Vamos a hacer cuentas. Hoy me voy a explayar. De pequeña siempre miraba incluso los precios de los juguetes en mi selección para la carta a Papá Noel. Hoy voy a pedirle todo lo que siempre deseé dentro de la materialidad de mi pasión por las audiovisuales y la cultura en general. Y si hay un sitio que de verdad me hace soñar en cuanto a compras, ese es Fnac.
Allá vamos:
- Canon LV8225 Proyector WXGA (649€)- Canon Legria HF M406 Kit Videocámara (419€)- Canon EOS 1100D +18-55 MM Kit Cámara Réflex Digital (469€)
Allá vamos:
- Canon LV8225 Proyector WXGA (649€)- Canon Legria HF M406 Kit Videocámara (419€)- Canon EOS 1100D +18-55 MM Kit Cámara Réflex Digital (469€)
- Asfixia, Chuck Palahniuk, Debolsillo (8'95€)- El lector, Bernhard Schlink, Anagrama (16'50€)- Ada o el ardor, Vladimir Nabokov, Compactos Anagrama (11€)- Cuentos sin plumas, Woody Allen, Tusquets (19€)- El gran Gatsby, Scott Fitzgerald (8'95€)- Abierto toda la noche, David Trueba (9€)- Las leyes de la atracción, Bret Easton Ellis (12€)- Llamadas telefónicas, Roberto Bolaño (7'90€)- La trilogía de Nueva York, Paul Auster (10€)- De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Carver (6€)- La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa (20'55€)- Fiesta, Ernest Hemingway (8'95€)- Sputnik, mi amor, Haruki Murakami (16€)- La petit mort, Will Santillo (29'99€)- Helmut Newton polaroids, Helmut Newton (29'99€)- El arte de amar, Erich Fromm (17€)- Sherlock Holmes anotado, relatos, Arthur Conan Doyle (60€)- Ruborízate, aún más. Cuentos eróticos. Marie gray (12'20€)- Zonas húmedas. Charlotte Roche (16€)- Javier Marías, Los enamoramientos (19'50€)- Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tu y yo. Albert Espinosa (7'95€)- Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven. Albert Espinosa (15'90€)- El erotismo, George Bataille (8'95€) - El nombre de la rosa, Umberto Eco (9'95€)
- DVD Closer, Mike Nichols (11'99€)- ¡Olvídate de mí!, Michael Gondry (7'95€)- Revolutionary Road, Sam Mendes (9'99€)- Cisne Negro, Darren Aronofsky (21'99€)- Drácula de Bram Stocker, Francis Ford Coppola (9'95€)
- Arctic Monkeys, Suck it and see (14'99€)
- Taza Regreso al futuro (6'99€) - Taza Dexter (17'99€)- Taza claqueta de cine (6'99€)
martes, 6 de diciembre de 2011
Piedras
Pues a ver cuando me hacéis una visita. Tu y tu novio. Para que os de el visto bueno. Lisboa es rara, Javier. Es una ciudad en la que tengo recuerdos de cosas que no he vivido. Pero eso me hace ir despacito, más tranquila. Con dos dedos, torpe, pero...acertando las teclas que quiero dar. Estoy tranquila. Por fin. Al menos ya no siento que me muero por dentro. Eso es bueno, ¿no? Y tengo ganas, pequeñas, pero ganas de empezar otra vez. Y olvidarme de que esta y cualquier ciudad a veces está tan triste como yo. Y notar que estoy cambiando, aunque sólo sea un poco. Bueno, si es mucho, mejor. ¿Has visto qué egoístas nos volvemos cuando estamos solos? Espero que tu novio el médico tenga cura para el egoísmo. ¿Tu crees que nos enamoramos sólo para no estar solos? Yo creo que me he enamorado de un chico. Bueno, de su cogote. Me encanta el cogote de un conductor de tranvía que no conozco. Espero que lo que tienes ahora sea lo que siempre soñaste tener. Mira los sueños como los conseguimos. Porque a algún sitio tienen que ir. Aunque creo que al final, los sueños no son más que una excusa. Pero una excusa muy gorda. Son la excusa para vivir. Por eso a veces también se convierten en la mirada nostálgica de lo que nunca fuimos. Qué putada, Javier. Asumir que nunca serás lo que siempre deseaste. Ni esperarlo siquiera. Joder. Deseo, deseo, deseo, deseo. Quiero con todas mis fuerzas ser feliz. Y con eso hacer un poquito felices también a los que me rodean... Eso es lo que siempre quise.
Ay...qué bien. Qué bien Lisboa, Javier.
Ay...qué bien. Qué bien Lisboa, Javier.
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