viernes, 14 de junio de 2013

Algo que debó publicarse anoche

Creo que nunca he estado más perdida. He sentido sensaciones parecidas, sí, de encarcelamiento, de querer huir y no ser capaz, de sentirme en un bucle. Sí, sensaciones parecidas. Pero esto se acerca a lo más doloroso de la vida, a eso que es inevitable, que vemos que se acerca y que nos obliga a vivir en el doloroso presente en pos de evitar el aún más doloroso futuro.

Tengo también –por si fuera poco-, la sensación de que nunca más podré disfrutar de los momentos presentes, del instante, de que nunca sentiré felicidad completa, no sin pensar en el trasfondo en las cosas malas que han pasado, pasan y pasarán. No sin pensar en el “pero” de todo lo que sienta. Eso de “cualquier tiempo pasado fue mejor” nunca fue tan cierto, y nunca lo será tanto, porque creo que hasta haber pasado un tiempo, no valoraré mi presente.

Tengo un nudo en la garganta, de no poder llorar, de no sufrir algo completo y definido, de simplemente moverme en lo diáfano de lo indefinible. Tengo miedo de la vida, de que me dé cosas que querré olvidar y que no podré borrar. Porque ya he tenido bastante. Me niego a admitir que la vida es así y que vivir se compone de mantener el equilibrio en una fina cuerda de felicidad que a ratos te da estabilidad sobre las espinas de cada recuerdo innombrable.

No tengo miedo, tengo pánico, de que todo eso que no quiero admitir sea verdad. De que cada vez el porcentaje de buenos momentos se reduzca a la nada por culpa de la invasión mental que provocan los malos recuerdos. Tengo pánico de no poder controlarlo o de que simplemente sea así y yo sea incapaz de ver nada bueno en ello. ¿Cómo vive el resto del mundo? ¿Cómo vive alguien de treinta, cuarenta, o cincuenta años con todo ese pasado? ¿Cómo, si a mí me pesan tantísimo los últimos tres años?

Me falta el aire, el sustento





domingo, 17 de febrero de 2013

Crisis de identidades


Quiero pensar que no eras tan distinta –a mí-, o mejor, que no eras tan como los demás. Quiero convencerme de que aunque le pedí al destino que no te cambiara, sigues teniendo en alguna parte, muy al fondo a la izquierda, algo no corrupto ni mancillado de la maldad y la vulgaridad del mundo.



Pero hasta yo me sé corrupta. Más allá de la teoría publicitaria de que todos somos un conjunto de lo que nos rodea, que aunque nos la vendan, no tenemos individualidad alguna, y que somos una ensalada de condimentos ajenos, cada vez me siento más lejos de mí misma, si alguna vez fui algo en sí mismo.


Cuántas veces en los últimos meses me he resignado a la idea tan común y estandarizada en estos tiempos de censurarme, todo sea por hacer lo correcto, dicen. Últimamente lo correcto me ha parecido atractivo en una confusa confianza en que me hará feliz, porque la gente normal suele serlo, ¿o no? Y me quejo de la incomunicación que sufro con otras personas, hasta con las que me importan, pero yo conmigo hace años luz que sólo encuentro interferencias.


Me he fundido con el resto, he dejado de ser alguien en la muchedumbre. He decidido renunciar a mi singularidad por la felicidad de lo plural y lo corriente. Y en esa búsqueda, en esa esperanza vana y ciega, me encuentro más perdida que nunca. Intento ser paciente, como si una voz me dijera que esperara, que ya llegará, que este es el camino correcto. Que al final, con el tiempo, como cuando nos decían que estudiáramos, que sacrificáramos placeres efímeros por una recompensa permanente en el futuro, todo daría sus frutos. La censura daría sus frutos. Y no encuentro nada. Vacuidad, falsa comodidad y placebo, mucho placebo. Y en mi vuelta hacia mí misma me convenzo de que como decía un conocido poeta del sur, prefiero antes sentir que ser una piedra por la que el viento cruza, la lluvia cae, y el Sol alumbra. Prefiero vivir. Aunque vivir conlleve dolor y placer en cortos espacios de tiempo, y aunque no sea la rutina más recomendable de vivir, de tanta intensidad, siempre al borde del fin total. Acabar siendo una desequilibrada, eso seguro, pero auténtica.



Lo prefiero pero como me va a costar aplicarme el cuento.

domingo, 21 de octubre de 2012


                Sólo es química. Es cuestión de tiempo que aminore. Hoy lo ha hecho un poquito más. 
 :)

jueves, 18 de octubre de 2012

Don't talk with a ghost

A veces no me doy cuenta de que ya no quieres estar conmigo. Incluso con las evidencias claras como que, simplemente, podrías llamar y decir "Eh, me arrepiento de todo, estemos juntos para siempre, voy a buscarte princesa", y no lo haces, o podrías simplemente presentarte aquí -tengo espejismos de coches verdes frente a mi ventana-, y, no sé, rescatarme, pero no lo haces.
Me pasa, sobre todo, cuando termino de llorar, porque he llorado recordando los buenos momentos, el antiguo tú, el que ya no existe. Lloro por tu muerte. Y justo entonces, cuando más lloro tu funeral, creo que aun vives, porque me niego que alguien tan especial se haya desvanecido. Es entonces cuando me creo capaz de llamarte, de contactar contigo, de preguntar "¿como estás?" a un fantasma.


No te aferres


Tú me has dejado aquí, sola, con todos mis miedos, mis remordimientos y mis malos pensamientos. Me has dejado y eso es algo que egoístamente, no puedo comprender. Soy como una huérfana a la que quisieron demasiado pero no pudieron soportar tenerla. Y pensar que apenas hace un mes vi cómo llorabas por mi por primera vez, vi cómo te rompí el corazón y no entiendo cómo entonces no reaccioné a nada. Cada vez que me di por vencida, cada vez que creíste haberme perdido, no era más que un simulacro para que reaccionaras, porque necesitaba sentir todo ese amor que demostrabas cuando veías que lo nuestro iba a terminar. Sólo quería eso. Saber que ese del que me enamoré seguía ahí, haciéndome sentir la única en el mundo, la única posible...

Pero al final no, al final sólo me hiciste sentir como alguien a quien podías sustituir en cualquier momento, alguien a quien poder reemplazar en cuanto no te sintieras culpable por haberme dejado. Otra más en la lista de las que no pudieron ser, y por las que no valía la pena esforzarse y dejar todo al azar. Como ves, intento exonerarte. Me hago creer que simplemente el cosmos o lo que sea no quería que estuviéramos juntos, y tu simplemente le hiciste caso, dejaste de sentir. Y no sé porqué lo hago, porque realmente no te lo mereces. Nunca olvidaré todo lo mal que lo hiciste, todas esas veces que esperé algo de ti, no algo más, algo. Que volvieras, que lucharas, que no te conformaras. Tantos recuerdos, tanto tiempo juntos para sentir que no me conocías de nada, que no sabías que esos simulacros eran intentos desesperados de que me prestaras atención. Y sigo justificándolo, cuando al escribir todo esto me doy cuenta de que realmente nunca me quisiste lo suficiente, o al menos no en el momento correcto. Y si leyeras esto, tú no te revelarás, te enfadarás porque no paro de decir tonterías cuando tú sólo estás pensando en olvidarme. Te resultará fácil. Apenas recuerdas los últimos días, y los últimos días yo era la mujer más desdichada del mundo.


Demasiado enamorada de alguien que ya no existe.
"Please, please come and save me
Tell me what's wrong with my brain
Cause I seem to have lost it"




I lost a man between memories. I'm in love with a memory. Memories in which he said that I was the love of his life and wanted to live with me forever. All that has gone into the black hole of memories, the world of broken hearts. The cosmos has caused this. That is irreversible. I hate the cosmos. He, in a parallel universe, still love me like the first day. 

                       

Amores ridículos

El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido.
                                                                                           

                                                                                           El libro de los amores ridículos, M. Kundera
She had a heart after all. 

lunes, 18 de junio de 2012



Llevo un tiempo alejada, pero aun tardaré en volver. 

He nacido en la era equivocada.

martes, 24 de abril de 2012

La comedia es drama + tiempo

Te das cuenta cuando echas tanto de menos a alguien, que te parece verlo por la calle. Pero es efímero. Un cuarto de hora más tarde te ríes de cualquier otra cosa, escuchas música o simplemente te enfrascas en cualquier otra historia ajena contada por un autor de esos a los que te gustaría parecerte. Parecerte, de refilón, a un Woody Allen, a un Palahniuk, o a un Stephen King, que está claro que tienen más mundo que tú porque tú sólo puedes tener espejismos de personas que nunca volverán a tu vida. Al menos no como antes.

Piensas en el pasado, en qué había allí, en ese espacio tiempo que pensaste que sería eterno. Que todas esas personas siempre estarían contigo pasase lo que pasase. Y ahora, todos son unos desconocidos. Cada uno de ellos ha tomado una o dos decisiones importantes que les han llevado a anular el personaje que eran cuando se sentaban cerca de ti y te sonreían. Cuando sentían por ti.  Te miras a ti y, de estar tanto tiempo recordando, te descubres desconocido, como un extranjero en tu hogar del presente.

No jodas, la vida es más cruel de lo que te pareció cuando te lo advirtieron. Es triste oír que "ya no podemos ser amigos porque hemos cambiado tanto...". Qué desesperanza. Dejar entrar a personas en tu vida con la incertidumbre más bien negativa de que luego sólo te harán sentir un extraño. Las risas, los abrazos, la complicidad. Todo fue un intercambio matemático de algún tipo de componente químico que hizo que en ese instante te sintieras pleno, en armonía con el mundo. Ahora, ese intercambio se lleva a cabo con otras personas, pero es la misma ecuación. Tú sólo eras un número de registro, con un nombre de X letras.

Como en 'Los músicos de Bremen', nos han ido recogiendo con la esperanza de hacer grandes cosas juntos, pero...¿realmente era lo que esperábamos? ¿Acaso no tuvimos la ilusión de prolongar esos momentos hasta siempre? Yo al menos soñaba, con mi mejor amiga (a los 8 años), que viviríamos juntas en algún lugar del mundo, que no nos separaríamos. Ahora apenas la veo una vez al año, si es que el destino me lo permite con cierto tono de humor.


¿Sabéis qué? Os lo adelanto: todo lo que tenéis a vuestro alrededor es efímero. Todo cambiará de un modo u otro. Evolucionará perpetuándose o desparecerá de vuestra vista, y no podréis hacer nada por evitarlo. De hecho, no os extrañéis si sois vosotros los artífices de tal erosión vital.

Lo siento. Desearía ser como el resto, que ni lo piensan más de 2 segundos y aprovechan el tiempo para llenarlo de amistad, pero...tengo grandes tendencias a la sociopatía. Tiene algo que ver con mi carácter elitista y exigente. Rara vez alguien NO me decepciona. Rara vez alguien no da todo lo que yo estoy dispuesta a darle, y todo se va al garete. Incluso podría decir que a veces me involucro tanto que acabo enamorándome de alguna forma platónica de ese nuevo amigo/a. Y si me analizas emocionalmente, no querrás conocerme, no querrás involucrarte. Sólo me llamarás "conocida" (y este adjetivo nunca fue menos acertado), e intentarás no quedar conmigo más de 1 veces al mes, con suerte. Me tendrás contenta porque sabes que soy socialmente inestable con exageradas muestras de cariño en esa ÚNICA cita mensual. Hasta que yo necesite más y tú te asustes.

Me saludarás por la calle, si es que yo no me he encargado de terminar la relación caótica e intensamente, como a mí me gustan los finales, y me llamarás "Eli", pero querrás decir, "Hola, desconocida".




viernes, 27 de enero de 2012

9+-*/8

9+-*/8
 ¿Y más escritura automática, eh? Hablemos de otro tiempo.
Me encantó Midnight in Paris porque es de Woody Allen y porque tengo las mismas inquietudes que el prota. Quisiera haber vivido en otro tiempo, porqué no. Un tiempo en el que no me pare a ver fotos de sueños, si no a vivir los sueños.
¿Hoy día qué hay? Esto, un portátil, como principal fuente de sueños. Internet, como principal fuente de libertad. Pero qué ha sido de nosotros, ¿humanos? Nos importan más unas películas gratis que hacer películas. En otro tiempo uno se encargaba de un videoclub y 5 años más tarde se hacía cineasta -Tarantino sí que supo arregárselas sin MU-.
¿Y ahora qué? Antes el que quería ser cinemaker ahorraba durante años para una cámara de mierda y hacía grandes cosas. Ahora queremos una 7D o no hacemos nada.
Pero vayámonos más atrás. Antes lo que molaba era montar fiestas en palacio. Entonces no hacía falta que todo el mundo supiera qué se cocía allí. Si no ibas, te quedabas sin orgía rococó y tan listos. Ahora todos queremos ser voyeurs de todos. Si no le enseño al mundo lo bien que me lo paso preocupándome por captar los mejores momentos de mi vida, no soy nadie. Nos hemos vuelto narcisistas, exhibicionistas, espías, voyeurs, envidiosos, arrogantes...ah, y todo eso recíprocamente. Es un círculo vicioso. Hay qué ver lo que nos gusta mirar sin ser vistos.
Tanto mirar y mirar, he querido ser anfitriona de los guateques de Janis Joplin, amante de John Lennon, o musa de Bouguereau. He querido pasear por un pasillo de columnas con Platón y ser su amor platónico, tener un affair con Nietzsche aprovechando que me llamo como su hermana, o comprarme un perfume en París para mi viaje al carnaval de Venecia.
Hubiera querido ser todo lo que no puedo ser ahora, y quisiera morirme sólo para comprobar si podré conocer a todos esos artistas de los que he sido voyeur en algún momento.

Por cierto, ¿qué haces por aquí metiéndote en mi cabeza? Get off.

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)



Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

sábado, 14 de enero de 2012

Happiness hit her...

Nunca hice balance. De lo bueno, de lo malo. O más, bien, de lo ocurrido. Todo ha sido bueno y malo según para qué y según hacia qué. 
Estoy en mi equilibro, sin embargo. Tengo esa dulce sensación de independencia, esa sensación de soledad y libertad a partes iguales. Faltó tiempo para darse cuenta de que soy distinta, normalmente para mal. 
Atraer, atraer...distraer, distraer. Expulsar a gente de mi vida como si se los llevara por delante un tren al que nunca quise subirme pero que necesitaba. La amistad no existe. El amor no existe. El odio tampoco. Son palabras, conceptos, diáfanos, moribundos, putrefactos, altamente efímeros. Los odio a todos, a los conceptos, digo. Un instante de mi vida quiero ser "amiga" de todo el mundo y lo que me mueve es un sentimiendo de felicidad extraña. Te despiertas un día bailando porque el día anterior ha sido un día de perros y quieres compensar, equilibrar, hacer más justa la balanza. 


Pero quizá otro día prefieres escupirles en la cara, decirles que te han hecho sentir un pequeño ser incomprendido que nunca supo darse cuenta de las cosas y de que, sobre todo, ya es demasiado tarde.Siempre hubo algún momento en el que te parecieron estúpidos, esos pequeños seres que intentan ser normales y se hacen diminutos. Luego tú eres esa estúpida.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Son malos tiempos




Cuando los comentarios esclarecedores son críticas. Cuando no puedes abrir la boca porque se te va a malinterpretar siempre. Cuando te hacen sentir mal porque sí, y aun siguen creyendo que te va genial por tener una sólo facilidad más que los demás en un mar de problemas. Cuando la Navidad se convierte en una cena de jeringuillas y palabras sacadas de contexto. Cuando tú no puedes sentirte mal por las críticas, pero te hacen sentir una mierda. Cuando hacen que te sientas impotente al no poder dar una respuesta. Cuando hasta expresarte por un medio como éste [sí, como terapia de choque ante tanta mierda], es también criticable, pero no para los demás (los demás pueden escribir y sentirse felices, pero tú, tú no, tú lo estás haciendo mal). Cuando la madurez se mide por los silencios y por no poder decir lo que piensas sin criticar. Cuando un problema íntimo se convierte en la "comidilla" de gente que no puede olvidar después de tres meses.

Esto lo leerán personas que se darán por aludidas, algunas con buen tino, otras no tanto.

El caso es que estoy harta. El caso es que creo que no me merezco que se siga hablando de mí, y que por cualquier azar del destino tenga que enterarme por la persona menos indicada. El caso es que no tenéis ni idea, y que sí, yo no tengo a tanta gente cerca, y no la tengo porque lo he elegido yo, ¿tan difícil es de ententer? ¿Es tan difícil que quiera dar por terminada una relación que no me estaba aportando más que inseguridad entre pinceladas de cariño bien construídas?

Por que si no se me entiende, mejor que no me juzguen gratuitamente. De repente vivimos en un mundo que se mide por aguantar, aguantar y aguantar.

...y qué quieres que te diga, ya estoy cansada. Soy inmadura, porque me duele más de lo normal lo que piensen de mí, y se me acelera el corazón cuando pienso en encontrarme con esas personas cuando le dé la vuelta a una esquina. Porque me minan el alma con una palabra, un mensaje, una mirada, un comentario escuchado de otra boca.

De verdad...¿no puedo ser sensible sin que se me tache de mártir?


viernes, 9 de diciembre de 2011

Pies hermosos



Pies hermosos

La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por tobillos, pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer por los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.

Mario Benedetti

jueves, 8 de diciembre de 2011

Wishlist

               Esto va a costar, pero creo que vale la pena el esfuerzo. Vamos a hacer cuentas. Hoy me voy a explayar. De pequeña siempre miraba incluso los precios de los juguetes en mi selección para la carta a Papá Noel. Hoy voy a pedirle todo lo que siempre deseé dentro de la materialidad de mi pasión por las audiovisuales y la cultura en general. Y si hay un sitio que de verdad me hace soñar en cuanto a compras, ese es Fnac.

Allá vamos:

Canon LV8225 Proyector WXGA (649€)Canon Legria HF M406 Kit Videocámara (419€)Canon EOS 1100D +18-55 MM Kit Cámara Réflex Digital (469€)
Asfixia, Chuck Palahniuk, Debolsillo (8'95€)- El lector, Bernhard Schlink, Anagrama (16'50€)- Ada o el ardor, Vladimir Nabokov, Compactos Anagrama (11€)- Cuentos sin plumas, Woody Allen, Tusquets (19€)- El gran Gatsby, Scott Fitzgerald (8'95€)- Abierto toda la noche, David Trueba (9€)- Las leyes de la atracción, Bret Easton Ellis  (12€)- Llamadas telefónicas, Roberto Bolaño (7'90€)- La trilogía de Nueva York, Paul Auster (10€)- De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Carver (6€)- La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa (20'55€)Fiesta, Ernest Hemingway (8'95€)- Sputnik, mi amor, Haruki Murakami (16€)- La petit mort, Will Santillo (29'99€)- Helmut Newton polaroids, Helmut Newton (29'99€)- El arte de amar, Erich Fromm (17€)- Sherlock Holmes anotado, relatos, Arthur Conan Doyle (60€)- Ruborízate, aún más. Cuentos eróticos. Marie gray (12'20€)- Zonas húmedas. Charlotte Roche (16€)- Javier Marías, Los enamoramientos (19'50€)- Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tu y yo. Albert Espinosa (7'95€)- Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven. Albert Espinosa (15'90€)- El erotismo, George Bataille (8'95€) - El nombre de la rosa, Umberto Eco (9'95€)

- DVD Closer, Mike Nichols (11'99€)- ¡Olvídate de mí!, Michael Gondry (7'95€)- Revolutionary Road, Sam Mendes (9'99€)- Cisne Negro, Darren Aronofsky (21'99€)- Drácula de Bram Stocker, Francis Ford Coppola (9'95€)

- Arctic Monkeys, Suck it and see (14'99€)

- Taza Regreso al futuro (6'99€) - Taza Dexter (17'99€)- Taza claqueta de cine (6'99€)







martes, 6 de diciembre de 2011

Piedras

                 Pues a ver cuando me hacéis una visita. Tu y tu novio. Para que os de el visto bueno. Lisboa es rara, Javier. Es una ciudad en la que tengo recuerdos de cosas que no he vivido. Pero eso me hace ir despacito, más tranquila. Con dos dedos, torpe, pero...acertando las teclas que quiero dar. Estoy tranquila. Por fin. Al menos ya no siento que me muero por dentro. Eso es bueno, ¿no? Y tengo ganas, pequeñas, pero ganas de empezar otra vez. Y olvidarme de que esta y cualquier ciudad a veces está tan triste como yo. Y notar que estoy cambiando, aunque sólo sea un poco. Bueno, si es mucho, mejor. ¿Has visto qué egoístas nos volvemos cuando estamos solos? Espero que tu novio el médico tenga cura para el egoísmo. ¿Tu crees que nos enamoramos sólo para no estar solos? Yo creo que me he enamorado de un chico. Bueno, de su cogote. Me encanta el cogote de un conductor de tranvía que no conozco. Espero que lo que tienes ahora sea lo que siempre soñaste tener. Mira los sueños como los conseguimos. Porque a algún sitio tienen que ir. Aunque creo que al final, los sueños no son más que una excusa. Pero una excusa muy gorda. Son la excusa para vivir. Por eso a veces también se convierten en la mirada nostálgica de lo que nunca fuimos. Qué putada, Javier. Asumir que nunca serás lo que siempre deseaste. Ni esperarlo siquiera. Joder. Deseo, deseo, deseo, deseo. Quiero con todas mis fuerzas ser feliz. Y con eso hacer un poquito felices también a los que me rodean... Eso es lo que siempre quise. 


Ay...qué bien. Qué bien Lisboa, Javier.



domingo, 20 de noviembre de 2011

Vintage Romance

             Te conocí a principios de verano, pero sin duda nuestro clima es el invierno. Adoro que me calientes las piernas dentro de la cama después de pasar horas de frío caminando por la ciudad.
Quiero comerme el mundo contigo a mi lado.
             Me encantaba verte cocinar, pero ahora me encanta que me des a probar lo que cocinas, con esa protección paternal. Me gusta que me abraces desde atrás y sienta tu calor recorriéndome toda la espalda. Me encanta que me beses en las mejillas, como si fueran mucho más importantes que mi boca o cualquier otra parte de mi cuerpo, así sé que me quieres a ciencia cierta. Me gusta que me busques la mano cuando andamos por la calle, aunque me agobie de vez en cuando, como si quisieras mostrar al mundo que estamos juntos. Me encanta que pongas tu mano en mi pierna cuando vamos en coche, y me mires, deseando darme el beso que me darás en cuanto llegue un semáforo. Adoro que me hagas sentir una niña pequeña a la que proteger, y que eso a la vez te tranquilice, cuando me pides un "venaquí".

Por todo esto y tantas cosas, te quiero, ¿entiendes ahora porqué no puedo prescindir de todo ello?

jueves, 17 de noviembre de 2011

No, no, no y nunca sí

No me creo que no te des cuenta. No puedo aceptar que simplemente no puedes dar más de ti. Me niego a pensar que tengo que resignarme tanto a aguantar como a desaparecer. Pero soy una ilusa, eso está claro. Las cosas pasan y ya está, o no pasan y punto. No ocurre esa química, esa conexión invisible y perfectamente intangible, no me entiendes. No sabes qué es lo que quiero, y haces justo lo que no quiero. Y encima no hago más que sentirme culpable y rastrera. Por no ser normal, por no aceptar las cosas como son y dejarme llevar por el puto conformismo. Pero bueno, ¿a dónde vamos a llegar? ¿Cómo es que quiero a alguien que no existe? En serio, ¿de verdad estoy enamorada de un recuerdo? 

martes, 8 de noviembre de 2011

Gente que habla de la gente

                     Está claro que vivimos en una sociedad de consumo, de una compra<->venta de productos, de una falsedad verdadera. Está bien fijarte en unos zapatos, en un corte de pelo, incluso en un perfume, por quedarte con la fragancia de alguien, -sentirte única sin serlo-. Sin embargo, el problema aparece cuando tendemos a comerciar con los sentimientos, a no dar una cantidad demasiada, quizá por miedo al rechazo, o por miedo a la exuberancia. No queremos ni mucho ni poco, pero queremos que nos quieran. Queremos sentirnos deseados de vez en cuando, como un producto, como si nos vieran detras de un escaparate construído sobre fuertes pilares de prejuicios sociales. No me puedes tocar, no quiero que me toques, pero admírame. Desea tocarme. Y sobre todo, haz que me de cuenta, pero sutilmente, no te pases. La duda, la incertidumbre de un acercamiento más o menos fortuito, es lo que nos mueve. Que se levante y salga de la sala al que no se le ha alegrado un poco el cuerpo cuando le miran por la calle, pero con curiosidad, con atracción. La seguridad, el poder, la atracción en sí misma, nos dan energía, motivación, y sobre todo, morbo.

                     Del latín morbus 1. enfermedad, 2. interés malsano por personas o cosas, 3. atracción hacia acontecimientos desagradables. Malsano sí, desde luego, ¡y tanto! De hecho eso lo hace interesante: es prohibido, está mal, no deberías estar mirando, no deberías pensar lo que estás pensado. No deberías si quiera plantearte acercarte. Pero quieres hacerlo. Aunque luego toda esa morralla sólo ocupará un rato de tu mente al final del día. Esa insatisfacción, ingrediente a su vez del morbo, eso que deseas y no has podido llevar a término.
                     Tengo una duda latente. Vivimos en un mundo impersonal, frío, en ocasiones incluso desagradable, en cuanto a interacciones sociales. La gente se asusta o hasta te mira mal si le rozas en el autobús o en el metro. Se sientan individualmente, evitan sentarse cerca de alguien. Se evita el contacto físico y cada vez más el espiritual. La duda es que si toda esa frialdad contribuye a que la intensidad de los encuentros fortuitos -y sí llevados a término, o casi- aumente, y que en realidad sólo sea un bien colateral del que algunos, como yo, se quejan. Indudablemente, nos cansaríamos si todo el mundo estuviera tocándonos continuamente, pero ni un extremo ni otro son buenos, ¿o sí? El caso es no viciarse, como diría aquel filósofo,  ¿no?